CARTA A LA CONCEJAL DIANITA GONZÁLEZ
Soy mujer. Soy cuencana. Y hoy no puedo callar.
Cuando un alcalde dice de las mujeres que “están enfermas”, cuando se refiere a nuestras luchas como “luchas de mujeres nisqué”, cuando una concejala denuncia haber sido halada del cabello, cuando nos dice “recaderas” porque no cree que tenemos nuestro propio criterio, no estamos hablando de política. Estamos hablando de violencia. Y la violencia tiene fecha, tiene actas, tiene sentencia.
Un Tribunal le dio la razón a Diana González, por fin siquiera a una. Una mujer que se atrevió a sostener su voz en un Concejo donde la regla parece ser callar. Y hoy, otra vez, se busca convertir a la víctima en la culpable.
Escuché al alcalde decir “nada ni nadie parará esta administración” y pensé en una verdad antigua que la Biblia repite muchas veces, cuando dice que la soberbia antecede a la caída. David, siendo apenas un joven pastor, derribó a un gigante que parecía intocable. No por su fuerza, sino porque la arrogancia, tarde o temprano, encuentra su límite. Lo que se levanta humillando a otros, no se sostiene.
Me pregunto, con respeto: ¿dónde están las que ayer marcharon? ¿Dónde quedaron las pañoletas y los manifiestos cuando la agredida es una mujer del lado “incómodo”? La coherencia, decían, era el principio de toda lucha.
Diana, no estás sola. Te respaldamos las mujeres que no necesitamos un tribunal para reconocer la violencia cuando la vemos, y que sabemos que ninguna arrogancia es eterna.
¿NOS DESAFIASTE?
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