jueves, 26 de mayo de 2016

GASTOS Y TERREMOTO: SUPERCOM CANCELA, TURISMO CONTRATA

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El Ministerio de Turismo va a pagar USD 3.200.000 más IVA para publicitar al Ecuador en Internet; mientras la Superintendencia de Comunicación puso fin a un contrato publicitario por USD 400.000 considerando la crisis generada por el terremoto.

Ya no habrá el video-homenaje a los afectados por el terremoto, que pensaba contratar la Secretaría Nacional de Administración Pública. El pasado 20 de mayo, Pedro Zuloaga Alvarado, delegado del Secretario de Administración Cristian Castillo, firmó la resolución para declarar desierto el concurso para la contratación de este video que iba a costar al Estado USD 53.571, proceso que avanzaba según lo programado hasta el 19 de mayo.
El 20 de mayo, La Historia publicó la noticia por la mañana y generó intensas reacciones, sobre todo, en las redes sociales. Ese mismo día, más tarde, se firmó la decisión de archivar el proceso, toda vez, reza la resolución, “que la necesidad institucional ya no persiste”. 
De gastar en publicidad, también se arrepintió la Superintendencia de Comunicación, Supercom, que dirige Carlos Ochoa. El 14 de abril de 2016, dos días antes del terremoto, firmó un contrato para pautas publicitarias en televisión, radio, prensa y medios digitales por casi USD 400.000, incluido IVA. Pero el 11 de mayo se firmó un acta de mutuo acuerdo entre las partes -Supercom y contratista- para poner fin al contrato, debido al desastre natural ocurrido el 16 de abril. La Supercom envió esta resolución a La Historia el sábado 21 de mayo, vía correo electrónico, pero  este documento fue subido al portal de Compras Públicas después, dentro de “los procedimientos y plazos para el cumplimiento de los procesos”, dice la comunicación de la Supercom.
La Historia preguntó a la oficina de la Supercom la razón por la que, únicamente por causa del terremoto se decidió ahorrar este dinero y no se tuvo el mismo criterio de austeridad antes, cuando el país ya soportaba una severa crisis económica. No hubo una respuesta.
TURISMO, OTRO CONTRATO POST-TERREMOTO
En mayo de 2016, menos de un mes después del terremoto, el Ministerio de Turismo que dirige Fernando Alvarado presentó los pliegos para recibir ofertas que lleven a la contratación de una empresa que “se encargue de la creación, producción y apalancamiento digital de la campaña publicitaria internacional de promoción turística del Ecuador”. El presupuesto con el que se cuenta para este contrato es de USD 3.200.000 más IVA. La única oferta que se abrió el 23 de mayo a las 13h22 fue la presentada por la agencia Koenig&Partners. El plazo de ejecución de la propuesta es de 150 días, contados a partir de la firma del contrato.
La intención del Ministerio de Turismo es promocionar al país pagando mensajes en Twitter, Facebook, Instagram y otras redes sociales, para llegar a millones de potenciales turistas por medio de la red.

LO QUE SIGUE IGUAL
El contrato publicitario que firmó la Asamblea Nacional, después del terremoto, el pasado el pasado 6 de mayo, por casi USD 400.000 -incluyendo el IVA- para “servicios comunicacionales, producción de documentales y memoria visual para difundir el trabajo legislativo de la Asamblea Nacional a nivel nacional”,  se ejecuta sin ninguna novedad. Igual que los contratos publicitarios que firmó la prefectura del Guayas, al mando de Jimmy Jairala, cuatro días después del terremoto. con las agencias de los hermanos Vinicio y Carlos Alvarado, por un monto conjunto de USD 3 millones. La prefectura también firmó otro contrato con la agencia Publicitas, para difundir propaganda de la prefectura en los medios impresos: USD 1.125.000, firmado el 3 de mayo de 2016.
La meritocracia de los peores
El Presidente, que antes se refería a Alex Bravo como “querido Alex” ya no lo recuerda ni sabe quién es. Nuestro desmemoriado y despistado mandatario, tampoco supo cuáles eran los antecedentes de su primo, y gracias a su desconocimiento, lo puso a dirigir el Banco Central y la agencia que administraba y subastaba los bienes incautados a la banca corrupta que quebró allá por 1.999. Tampoco se enteró de los multimillonarios contratos que empresas vinculadas a su hermano habían firmado con varios de sus más cercanos y apreciados ministros.
25 de mayo del 2016
POR: Simón Ordóñez Cordero
Estudió sociología. Fue profesor y coordinador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la PUCE. Ha colaborado como columnista en varios medios escritos. En la actualidad se dedica al diseño de muebles y al manejo de una pequeña empresa.
Este artículo es un homenaje a mi padre, Hugo Ordóñez, a Jaime Roldós Aguilera, y a todas aquellas personas que adecentaron los sitios y funciones por las que pasaron".
Fue en agosto de 1979. Pasábamos con mi familia las que serían (en ese entonces aún no lo sabíamos) nuestras últimas y larguísimas vacaciones en una pequeña y modesta finca ubicada en el hermoso valle azuayo de Yunguilla. Los cañaverales cubrían el valle y el olor a dulce de caña y panela nos llegaba de todas partes. Yunguilla era entonces un paraje remoto al que se llegaba por una serpenteante carretera lastrada. La energía eléctrica apenas había llegado un par de años atrás y nuestras diversiones consistían en jugar pelota y organizar excursiones a las moliendas. Un telegrama urgente llegó en esos días; mi padre tuvo que regresar a Cuenca para comunicarse telefónicamente con Jaime Roldós, quien días antes había asumido la Presidencia de la República. Poco tiempo después de la llegada de aquel telegrama, mi padre,  un abogado que se había destacado como periodista incorruptible y profesor universitario, que no era amigo ni militante del partido de gobierno, fue nombrado Contralor General del Estado por el Congreso Nacional, a partir de una terna enviada por el Presidente.
Treinta y siete años después es poco lo que queda de ese mundo y de la sencillez con que se vivía. A la luz de lo que hoy es la política, resulta casi irreal que las cosas hayan ocurrido de ese modo; la “política real” se ha degradado poco a poco y personajes de la estatura intelectual y moral de Jaime Roldós o Hugo Ordóñez al parecer no tendrían cabida en estos tiempos. La Revolución Ciudadana, que en un momento fue vista como posibilidad de refundación ética de nuestro país, ha devenido en un regimen en donde la corrupción se ha desbordado de forma directamente proporcional a la acumulación de poder y al incremento del autoritarismo.
El último escándalo, el de la repotenciación de la Refinería de Esmeraldas, lo pone de manifiesto. Fue tal el  monto de lo robado y tan rapaz la manera en que lo hicieron, que seguramente se lo recordará como uno de los más grandes pillajes de la historia. Alex Bravo y la camarilla que lo puso a manejar las empresas y proyectos más grandes del país,  también tendrán lugar en la historia de la desvergüenza nacional.      
Pero el Presidente, que antes se refería a él como “querido Alex” ya no lo recuerda ni sabe quién es. Nuestro desmemoriado y despistado mandatario, tampoco supo cuáles eran los antecedentes de su primo, y gracias a su desconocimiento, lo puso a dirigir el Banco Central y la agencia que administraba y subastaba los bienes incautados a la banca corrupta que quebró allá por 1.999. Tampoco se enteró de los multimillonarios contratos que empresas vinculadas con su hermano habían firmado con varios de sus más cercanos y apreciados ministros.        
Este Presidente de la memoria y el conocimiento selectivos, que sólo recuerda o se entera de  aquello que le conviene, el que repite incansablemente “prohibido olvidar”, es quien ha puesto a su aparato de propaganda a organizar el olvido e inventar una nueva historia. Como todas las dictaduras, han buscado liquidar la memoria colectiva para que la gente recuerde exclusivamente aquello que los legitima. Según ese relato, nada bueno ocurrió en este país antes de su llegada; todo era oscuridad y corrupción hasta que llegaron las manos limpias, las mentes lúcidas y los corazones ardientes.         
Cuando llegó al poder, no sólo inauguró una nueva historia, también instituyó una nueva forma de meritocracia: “Los representantes del país deben ser los mejores, debemos vivir una estricta meritocracia, nuestra democracia debe estar repleta de excelencia. Esta es una nueva época, y sus representantes deben ser impecables en su proceder ético”, dijo en  uno de sus primeros discursos. No sabemos exactamente lo que Correa entiende por “los mejores” ni cuál es su comprensión de “lo ético”, o si su discurso simplemente formó parte de la gigantesca impostura en que se convirtió la Revolución Ciudadana.                        
Lo cierto es que a partir de esta década ya nunca se nombraron cancilleres como Alfredo Pareja Diezcanseco, Diego Cordovez o José Ayala Lasso pues obviamente no tenían los méritos de Ricardo Patiño o Guillaume Long. Rodrigo Fierro o Plutarco Naranjo nada tenían que hacer frente a la valía de Caroline Chang. Raúl Baca Carbo o Wilfrido Lucero tampoco se parangonan con la inteligencia y preparación de Gabriela Rivadeneira. Edmundo Duran Díaz se queda corto ante la prístina conducta de alguien como Galo Chiriboga. Germánico Salgado o Eduardo Valencia tampoco tenían los méritos de Pedro Delgado. Claudio Malo o Mario Jaramillo carecían de la preparación de  Augusto Espinoza. Ramiro Borja y Borja no poseía la formación jurídica ni la honradez de Patricio Pazmiño; Carlos Feraud Blum, los méritos de José Serrano;  Alejandro Román Armendáriz los de Vinicio Alvarado. Oswaldo Hurtado o León Roldós, los de Jorge Glas;  Abelardo Pachano los de  Patricio Rivera;  Hugo Ordóñez Espinosa  los de Carlos Pólit; Julio César Trujillo los de Virgilio Hernández, Betty Carrillo o Marcela Aguiñaga.
Las comparaciones anteriores muestran que efectivamente la Revolución Ciudadana significó un cambio de época. La meritocracia correísta terminó de sepultar aquellos tiempos en que los Presidentes, en la mayoría de los casos, nombraban como ministros a personas que ellos mismos respetaban y que estaban en condiciones de asesorarlos y no únicamente de cumplir sus órdenes.
Hubo corruptos, es cierto, pero gran parte de quienes fueron altos funcionarios en distintos gobiernos, fueron personas austeras, de indudable estatura intelectual y ética, seres que no enloquecían por el poder ni el dinero y cuyo sentido de la dignidad les impedía recibir órdenes o ser maltratados en privado o en público. La relación con ministros y altos funcionarios cambió y hoy parecería que la condición para llegar a un alto cargo público no es otra que la sumisión absoluta a los caprichos presidenciales. El gabinete y quienes ostentan altas dignidades dentro del Estado no son más que aduladores y cortesanos, seres envilecidos y sumisos que no hacen otra cosa que cumplir órdenes, así estas contravengan las leyes y la ética. Cualquier pelafustán que ostente una maestría y que esté dispuesto a todo con tal de  llegar o mantenerse en el poder, es un gran candidato para ser ministro en este nuevo orden meritocrático.
Ya lo dijo Friedrich A. Hayek en ese imprescindible libro intituladoCamino de Servidumbre:       “Para ser un elemento útil en la conducción de un Estado totalitario no basta que un hombre esté dispuesto a aceptar especiosas justificaciones para viles hazañas; tiene que estar activamente dispuesto a romper toda norma moral que alguna vez haya conocido, si se considera necesario para el logro del fin que se le ha encomendado. Como es únicamente el líder supremo quien determina los fines, sus instrumentos no pueden tener convicciones morales propias. Tienen, ante todo, que entregarse sin reservas a la persona del líder; pero, después de esto, la cosa más importante es que carezcan por completo de principios y sean literalmente capaces de cualquier cosa. [...] Por consiguiente, así como hay poco que pueda inducir a los hombres que son justos, a pretender posiciones directivas en la maquina totalitaria, y mucho para apartarlos, habrá especiales oportunidades para los brutales y los faltos de escrúpulos.”   
Albert Cohen, en esa maravillosa novela que es Bella del Señor, ilustra con maestría y belleza el comportamiento de los subalternos, de los arribistas y los sumisos frente a los poderosos:
“Universal adoración de la fuerza. Oh los subalternos resplandecientes bajo el sol del jefe, oh sus amorosas miradas hacia su poderoso, oh sus sonrisas siempre dispuestas, y si se le ocurre soltar una broma cretina, el coro de sus risas sinceras. Sinceras, sí, eso es lo terrible. Porque tras el interesado amor de su marido hacia mí, subyace un amor auténtico, desinteresado, el abyecto amor a los poderosos, la adoración al poder de hacer daño. Oh su perpetua sonrisa fascinada, su amorosa atención, la deferente curva de su trasero mientras yo hablaba. Así, en cuanto el gran babuino macho entra en la jaula, los babuinos machos pero adolescentes o de escasa talla se ponen en cuatro patas, en femenina postura de recibimiento y acogida, en amorosa postura de vasallaje, en sexual homenaje al poder de hacer daño y de matar. Lea los libros sobre monos y verá cómo digo la verdad.”
Tras su paso por la función pública, mi padre volvió a escribir y siguió viviendo con la misma modestia, dignidad y frugalidad de siempre. Nunca se enriqueció y junto con mi madre nos dejaron un nombre limpio al que tratamos de honrar. Hoy, ya viudo y con noventa y tres años, vive de su jubilación y bajo el cuidado de sus hijos y nietos. Este artículo pretendía centrarse en la profunda degradación ética e intelectual de este gobierno. Mi idea fue, fundamentándome en alguno textos de Hayek, mostrar la inevitabilidad de que los peores se pongan a la cabeza en gobiernos dictatoriales y autocráticos. Sin embargo, por efecto de las comparaciones, ha terminado siendo también un homenaje a mi padre, a Jaime Roldós Aguilera, y a todas aquellas personas que adecentaron las instituciones y funciones por las que pasaron. Es una reivindicación de la memoria y de la historia. Es la apelación a la decencia frente al envilecido gobierno de los peores.

PRESIDENTE CORREA DA INFORME A LA NACIÓN EN MEDIO DE UNA REDUCCIÓN DE SU POPULARIDAD.-



ALBERTO KAHIG
El Gobierno enfrenta su último año en su peor momento. Según una encuesta realizada por la firma Cedatos, la credibilidad del presidente, Rafael Correa disminuyó y a mayo se ubicó en el 29%. De hecho, si fuera candidato en las elecciones de febrero, obtendría apenas 28%, en comparación al 57% de 2013. Con esas cifras, según la encuestadora, Correa rendirá hoy su último informe a la nación.
Además, el 67% reprueba su forma de ser. Otro dato: el agrado que sienten los ecuatorianos hacia Alianza PAIS bajó del 48% al 24% en los últimos tres años.
Cedatos por medio de Ángel Polibio Córdova, dice que estas cifras contrastan con las registradas al inicio de su gestión. (Ver recuadro). “El Presidente registró índices de aprobación inéditas no observados en el devenir democrático del país”, apunta este investigador.
Apenas la mitad de los ecuatorianos, agregó la firma, considera que el manejo del terremoto y sus consecuencias fue bueno, pero sobre el incremento de impuestos a raíz del hecho, el 69% cree que es un error. “Prácticamente todas las áreas de gestión del Gobierno han bajado”, señala Córdova.
El tema del control del narcotráfico se mantiene con porcentajes importantes. De 44% subió a 45%.
La reprobación del manejo de la situación económica subió del 55% a 69% de la población. “Es una calificación por debajo de lo que debe ser aceptada”, agrega Córdova.
La generación de empleo recibe la menor aprobación de toda la gestión gubernamental, con el 17%; es decir, que el 83% de la gente está inconforme con este rubro.
La politóloga Natatalia Sierra atribuye estas cifras al desgaste de nueve años en el poder. “Nueve años desgasta a quien sea; es demasiado tiempo”, insiste, y lo cataloga incluso a la “mala actitud autoritaria y de poco diálogo” del Presidente.
Opina que los informes a la nación que dan los gobernantes son correctos, siempre y cuando sirvan para que la sociedad pueda realizar auditorías y críticas a la gestión, pero el problema en Ecuador, cree ella, es que los informes son como las sabatinas, una especie de monólogos para mostrar un supuesto “buen manejo gubernamental”.
En opinión de Mauricio Pozo, la economía ecuatoriana está experimentando “la peor situación de los casi últimos 10 años de Gobierno”. Las razones, según el experto, son los serios problemas de liquidez que atraviesa el Fisco, un desbalance del Banco Central en relación a las reservas y los depósitos, un desequilibrio externo y un proceso de recesión que se agrava conforme pasa el tiempo. “Y es imposible que quieran atribuirle esta situación a la caída del precio de petróleo”, dice. “Eso solo fue el detonante”.
Los próximos meses no son muy alentadores, según Pozo. “El siguiente Gobierno recibe una herencia muy mala. Va a tener que administrar la crisis y adoptar muchas de las medidas que el actual no quiso”, agrega.

miércoles, 25 de mayo de 2016

LOS SUCIOS MANEJOS EN PETROECUADOR!!



!!EMILIO PALACIO


 

En algo que parece copiado al gran escandalo de corrupcion entre Lula da Silva y Petrobras en Brasil, el corresponsal de todos los ecuatorianos en los Estados Unidos, escribe:
1. ¿Qué responsabilidad tiene Correa en las fechorías de Alex Bravo?
Los montos del asalto a Petroecuador son astronómicos. Sólo la rehabilitación de la Refinería de Esmeraldas -según la denuncia de Fernando Villavicencio- comenzó con un presupuesto de 187 millones de dólares en el 2008, subió a 1.200 millones el 2015, y podría acercarse a un total aproximado de 2 mil millones de dólares en los próximos meses.
¿Pero cuál fue la participación de Rafael Correa en semejante atraco?
Le pedimos a algunos abogados (que prefirieron guardar su nombre en reserva) que nos entreguen algunas pistas, desde un punto de vista exclusivamente legal, para que el lector saque su propia conclusión.
Una posibilidad sería apegarnos a las doctrinas jurídicas de Gutemberg Vera, el abogado personal del presidente. En ese caso no cabría sino la condena inmediata del primer mandatario.
Como se recordará, Vera sostuvo el 2011, en la querella contra Emilio Palacio, los hermanos Pérez y El Universo, que los directivos del diario eran “autores coadyuvantes” del supuesto “delito” de injurias contra el primer mandatario porque poseían voz y voto en el directorio de la empresa, donde se aprobaban las “políticas noticiosas y de opinión” del medio.
De acuerdo con esta doctrina, Correa también podría ser acusado de “autor coadyuvante” de los delitos de Bravo porque el directorio de Petroecuador está compuesto por tres funcionarios que él personalmente nombra y que por obligación deben hacer aprobar sus políticas, las que él dicta como presidente: El ministro de Recursos Naturales, el Secretario Nacional de Planificación y un tercer miembro nombrado directamente por el primer mandatario (artículo 4 del decreto presidencial que creó la empresa petrolera).
Se deben forzar muchísimo los conceptos jurídicos, sin embargo, para acusar a los miembros del directorio de una empresa por decisiones que no han llegado a conocer.
Ocurre, sin embargo, que la relación del gerente de Petroecuador con el directorio de la empresa no es la misma que la relación del editor de Opinión de El Universo con el directorio de la compañía que publica el periódico. Hay diferencias sustanciales. Carlos Pérez sí podía delegarle a Emilio Palacio el manejo y control de la página de Opinión, pero el directorio de Petroecuador (es decir, los tres delegados de Correa) no podían encomendarle a Bravo la facultad de autorizar “las inversiones que se consideren necesarias para el cumplimiento de los fines y objetivos empresariales”, o que apruebe por su cuenta y riesgo el presupuesto de la institución.
Esas son atribuciones que las conoce y aprueba exclusivamente el directorio (artículo 9 de la Ley de Empresas Públicas).
Para demostrar su inocencia, Correa tendría que demostrar entonces un imposible: Que Bravo firmó sus multimillonarios contratos sin conocimiento del directorio que él nombró, y que de alguna manera sus integrantes nunca se percataron de cómo se fueron evaporando, en el transcurso de casi ocho años, casi 2.000 millones de dólares del presupuesto anual.
Correa quizás quiera invocar a su favor el Reglamento que Regula las Atribuciones de Directorios de Empresas Públicas, que pareciera redactado con dedicatoria, para eximir expresamente al presidente y al directorio de Petroecuador de cualquier responsabilidad por un contrato lesivo. Allí se lee:
“En el caso de contrataciones, las autorizaciones del Directorio se circunscribirán al inicio de los procesos precontractuales. No corresponde al Directorio autorizar la suscripción de contratos. El Gerente General suscribirá́ los contratos de la empresa una vez que haya verificado el cumplimiento de los requisitos legales y reglamentarios en todas las etapas. El conocimiento por parte del Directorio de la suscripción de los contratos no exime de la responsabilidad exclusiva del Gerente General en dichos procesos”. (Artículo 9).
Pero este reglamento tan conveniente para Correa fue aprobado recién el 17 de noviembre del 2015, cuando los contratos para la repotenciación de la Refinería ya se habían firmado hace siete años y el sobreprecio había superado los 1.000 millones de dólares.

Vientos de cambio

MANUEL TERÁN 


Ayer se rindió el Informe a la Nación luego de nueve años de gobierno pero, a diferencia de cuando el dinero fluía a raudales, los astros no lucen alineados para quienes se instalaron en el poder por el período más largo que conoce la historia republicana. Las encuestas aparecidas por estos días ratifican lo que hasta hace poco solo era sospecha. La pérdida de apoyo al régimen se acentúa cuando salen a flote las costuras de un modelo insostenible que ha colocado a la economía en una situación delicada, con un alto déficit, donde se hacen malabares para pagar los sueldos, con deudas y retrasos en los pagos por todo lado, percibiéndose un deterioro acelerado de todos los indicadores y, lo que es peor, sin que exista en el horizonte el más mínimo asomo de rectificación o enmienda. Si existiera la reelección y pudiera postularse su líder, obtendría una votación similar al apoyo que recibió el exalcalde de Quito cuando, impensadamente, perdió la elección a manos de un virtual desconocido. Es el porcentaje de voto duro, de alrededor del 30%, que medición tras medición refleja que posee el movimiento en el Gobierno. Muy lejos de un triunfo en una sola vuelta y con el riesgo de enfrentar a cualquier candidato que, en ese escenario, aglutinaría el voto en contra del continuismo. Pero no solo eso. En los anteriores comicios para elegir legisladores, a través de una reforma electoral previa, lograron con un apoyo que rozaba la mitad de los votantes hacerse de alrededor del 85% de puestos de la Asamblea, mayoría que no reflejaba la intención de voto del electorado pero que les ha permitido hacer y deshacer a su antojo en la sede legislativa. Hoy las cosas han cambiado y difícilmente, a juzgar por las mediciones realizadas, repetirían esos resultados y, por ende, no se visibiliza una hegemonía como la que existe ahora en el recinto legislativo. En esas condiciones así resultase victoriosa una candidatura presidencial del continuismo, tendría que actuar en un escenario hasta ahora desconocido para ellos, el de la búsqueda de acuerdos y consensos con otras fuerzas políticas; precisamente en momentos en que cualquiera que resultase elegido se verá en la obligación de realizar correctivos inminentes al manejo económico, si no se desea que la inercia negativa nos arrastre a un punto donde la recuperación se torne inalcanzable. Todo esto conduce a pensar que el futuro luce sombrío para quienes por casi una década gozaron de una hegemonía absoluta y condujeron al país bajo su férula, pero que hoy cosechan los resultados de una gestión nada virtuosa que, por el contrario, ha llevado al país a las puertas de una situación inimaginable, pese a las advertencias que se hicieron y que fueron desatendidas. Todo parece indicar que se acerca el final de un ciclo. Resta saber si el electorado después de esta experiencia aún es proclive a creer en fórmulas mágicas de falsos milagreros o si, por fin, entiende que no hay progreso sin arduo trabajo y esfuerzo.

martes, 24 de mayo de 2016


 

Gabriela Rivadeneira: la gran maestra de la fanfarronada sonora

  en La Info  por 
Gabriela Rivadeneira es la Arjona de la política nacional. Lo acaba de demostrar en su discurso de apertura al informe a la nación. Pueril, inflamada, lamparosa, enfundada en la camisa étnica que constituye el oficial saludo a la bandera de los suyos, hoy volvió a encarnar el papel perfecto de la colegiala que recita la lección a su profesor. Un profesor tan querido que lo tutea. Tan idolatrado que lo ustea.
Con ese falso tonito surrurado, afectado y trascendente, candongo y melifluo, la presidenta de la Asamblea repitió su libreto de toda la vida: una colección de desplantes líricos y presuntas citas eruditas extraídas del cancionero popular o de la Wikipedia, cuya ridiculez no alcanza a vislumbrar ni remotamente por falta de lecturas.
Dijo Gabriela Rivadeneira: “esta es la revolución del amor como categoría política”. Habló del supuesto “despertar del sur” y lo llamó “esperanza de un mundo nuevo, un mundo donde quepan todos los mundos”. Miró hacia el mural vociferante y horrendo que preside el hemiciclo legislativo y contribuye a la irritación constante de los legisladores y exclamó, presa de un tremor de sensibilidad artística: “¡Cómo no sentir la magia del maestro Guayasamín!”. Gracias a él, dijo, “nos acompañan Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña y las tres Manuelas… Guerrilleras de la ternura, de la lucha y la esperanza”.  Habló de la “utopía del buen vivir” sin citar a Tomás Moro y remató: “el patriotismo es amor” y “en nombre del amor no tenemos tiempo que perder”.
Repitió, por supuesto, como si funcionara a control remoto, los usuales argumentos sobre el oscuro pasado. Dijo “yugo del neoliberalismo”. Dijo “banqueros en contubernio”. Dijo “enajenación cultural”, “contrastes grotescos”. Dijo “restauración conservadora”, “procedimientos ilegítimos”. Con voz cavernosa pintó los “rincones oscuros de la conspiración y el golpismo” y a punto estuvo de llorar cuando recordó “la patria desolada” que heredaron.
Atenta como siempre al movimiento oscilatorio de la veleta nacional, se trepó ágilmente al tren de la terremotización de la política, que es la tendencia del momento. Habló del país que renace de sus cenizas y pintó una auténtica refundación, la segunda que corre por cuenta de los suyos.
Pero tampoco quiso perderse la oportunidad para demostrar que es una política capaz de tejer sutilezas e hizo algunos intentos. Como cuando dijo que hay parlamentos en América Latina que están conspirando para echar abajo la democracia, en clara alusión a Brasil y Venezuela, países que no se permitió nombrar. O como cuando habló de políticos que tienen empresas offshore y que pretenden llegar al poder. Tampoco dijo nombres. La presidenta de la Asamblea es finísima en sus alusiones. Se cuidó de citar a Galo Chiriboga.
La retórica de Gabriela Rivadeneira es tan hueca como rimbombante, tan vacía como empalagosa. No es precisamente lo que se espera de un presidente de la Asamblea en una jornada de informe a la nación. Es más un discurso de tarima o de propaganda pura y dura. De hecho, el valor de sus palabras no reside en lo que significan, sino en la forma en que las dice buscando impresionar. En realidad, Gabriela Rivadeneira no dice nunca nada. No destaca por la inteligencia de los argumentos (por eso copia a Arjona) sino por la sonoridad de su fanfarronadas. Ha patentado un cierto ritmo, una cierta musicalidad, una cadencia que hizo escuela en el ala femenina de su movimiento. Así como los correístas varones, empezando por Jorge Glas, buscan parecerse al presidente en su manera de hablar. No hay asambleísta o ministra del correísmo con interés de no pasar inadvertida que no hable como Gabriela Rivadeneira. El hecho de que un estilo más propio de una abanderada de colegio o de un reina del Yamor se haya impuesto con tanto éxito en un movimiento político, habla claramente de sus alcances y de sus carencias.
El correísmo no se concibe si estas poses pseudo-poéticas, este lirismo vehemente, ese susurro que se pretende envolvente, este triunfalismo que, si toca, se enfrentará y vencerá a la naturaleza. Gabriela Rivadeneira muta en la Arjona política porque cree estar parada sobre los hombros de la historia.
Foto: Asamblea Nacional