jueves, 8 de octubre de 2026


“El profe, luchando, también está enseñando”.


Ahí está Santiago Rosano, junto a las y los estudiantes de la Universidad de Cuenca, poniendo el cuerpo, levantando la voz, recordándonos que la dignidad también se aprende en la lucha y no desde la comodidad del silencio.
¿Cómo recibir en nuestra universidad a un presidente permanentemente ausente del país y ausente de las necesidades de nuestro pueblo? Sus reiterados viajes internacionales contrastan con la realidad de hospitales desabastecidos, jóvenes sin oportunidades y familias que sobreviven en condiciones cada vez más precarias. “Fuera, Noboa, fuera.”
La invitación de las autoridades de la U de Cuenca a un presidente que llega rodeado de policías y militares parece ignorar que sus estudiantes tienen memoria, pensamiento propio y sobradas razones para indignarse. Las vallas, los policías y los militares dentro de nuestra universidad atentan contra la autonomía universitaria. Qué bien que las y los estudiantes le recuerden a la comunidad universitaria que la autonomía se defiende y se ejerce, que la universidad debe ser un espacio donde prevalezcan la palabra, el pensamiento crítico, la libertad y jamás la intimidación o las armas.
Y es que “la residencia universitaria es un derecho, no un favor”. La vivienda constituye una condición esencial para ejercer el derecho a la educación superior. ¿Cuántos jóvenes llegan desde parroquias rurales, comunidades y otras provincias, dejando sus hogares y destinando buena parte de los ingresos familiares al alquiler, la alimentación y el transporte? En un país marcado por profundas desigualdades habitacionales, resulta indignante presentar una residencia universitaria como una concesión presidencial. Las y los estudiantes necesitan una política pública que reconozca sus condiciones reales de vida, no favores políticos ni anuncios de ocasión.
Las y los estudiantes reclaman salud, educación y derechos laborales, derechos sociales fundamentales, conquistados mediante luchas populares. En nuestro país, pacientes y profesionales de la salud denuncian a diario la falta de medicamentos e insumos hospitalarios, mientras las organizaciones sociales exigen respuestas frente a la crisis de la salud.
Qué valentía la de las y los jóvenes, que ponen el cuerpo para defender sus derechos y los del pueblo. Así como las juventudes que se movilizan en Francia y España contra la precarización de la vida, la mercantilización de la educación y el avance de los intereses privados sobre los derechos colectivos, lxs estudiantes de la U de Cuenca nos recuerdan que las conquistas sociales nunca fueron regalos del poder.
Y allí está Santiago Rosano, nuestro profe, enseñando con su propia presencia, con la coherencia de quien no separa sus convicciones de sus actos. Junto a lxs estudiantes, comparte nuestra indignación, la luha y la esperanza.
¡El profe, luchando, también está enseñando!


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