sábado, 11 de abril de 2026

 EN LUGAR DE LAS ARTES, ESCRITORIOS.

René Cardoso S.
Qué mala época para la cultura de la ciudad. Un nuevo alcalde tendrá mucho trabajo para recuperar esa personalidad de Cuenca que siempre estuvo identificada con las artes, la historia, los patrimonios, la cultura en general. Las dos últimas administraciones municipales no han cumplido con una gestión eficiente e importante en estas áreas fundamentales para la vida ciudadana. La falta de un apasionamiento verdadero, no fingido, por la defensa de nuestros patrimonios culturales, ha sido característica de esas alcaldías. Evidente además en una mayoría de concejales bastante ajenos, desarraigados, superficiales, que ignoran aspectos básicos de la gestión de la vida cultural.
Considero que en una ciudad tan especial como Cuenca -que no es cualquier ciudad, que tiene un honroso título como Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad- una de las condiciones básicas, requisito fundamental de alcaldes y ediles, debe ser su fina sensibilidad en los aspectos intelectuales, humanistas, del arte y la historia.
Muchas razones tengo para expresar lo indicado y siempre las he venido manifestando a través de varias publicaciones. Hoy se suma una más, y es una visita que hice hace pocos días a una arquitectura histórica de Cuenca, la casa en la que vivió la excepcional poetisa y mujer cuencana María Ramona Cordero y León o Mary Corylé y su hermano, también poeta, Rigoberto, ubicada en el tradicional barrio de El Vecino, en la histórica calle Rafael María Arízaga.
Cuando se inauguró la casa restaurada, hace ocho años, se anunció en la invitación como “…la inauguración de la Casa Mary Corylé de los poetas María Ramona Cordero y León y Rigoberto Cordero y León, evento que tendrá lugar el sábado 26 de enero de 2019…” En ese momento era muy clara la intención de rescatar las memorias de sus ilustres habitantes y de toda una época de la poesía cuencana, además de aportar a una revalorización de un histórico barrio cuencano, acción a la que se sumó, también en esa misma calle, la apertura del Museo Municipal del Sombrero, hoy un espacio sin vida.
La casa de los poetas ha sido vaciada de sus memorias. No existe ninguna referencia sobre la importancia de ese bien histórico. Ni una simple placa en su fachada. Es sombra, algo desmemoriado, desmembrado, descontextualizado, sin vida. Un cuerpo sin memoria. Una casa derrotada en su existencia emotiva, convertida en oficinas de la actual administración municipal, como también ocurre, exactamente igual, con la Casa de Chaguarchimbana, en la que funcionó el Museo de las Artes del Fuego. Hoy son gélidos espacios burocráticos en los que los escritorios desplazaron a las artes.
La casa “Mary Corylé” podía ser un lugar poblado de belleza, de la poesía de quienes la habitaron, de sus historias, de actividades culturales que involucren a sus vecinos; una casa en la que se tejan los caminos de la memoria y del presente. Pero no, su destino quedó marcado por una orden que llegó desde el escritorio de un burócrata con poder político pero de inmensa pobreza cultural.
Ojalá vengan nuevos tiempos. Tiempos renovadores que nos quiten esa sensación de que nos vamos quedando en nada, que calmen ese frío que invade hasta los huesos. Siempre repetiré: ¡qué falta nos hacen alcaldes poetas!


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