domingo, 5 de abril de 2026

 ESTILOS ATAMAINT

René Cardoso Segarra
No, no es una peluquería o una sala de pintura de uñas largas, o un servicio de tratamiento de callos o uñeros. Cuidado, no se confundan. Es la nueva moda de algunos funcionarios públicos de poner todas las cosas “patas arriba”. De hacer lo que les viene en gana. De subestimar la inteligencia de los ciudadanos. Y hasta cambiar el significado de las palabras del diccionario de la lengua española: ahora la palabra votar no es sinónimo de elegir. Los señores de la RAE tendrán que corregir y aceptar el nuevo estilo atamaint.
Como nunca antes la gestión pública ha caído en prácticas grotescas nada sanas para la democracia y transparencia de sus acciones. Los escandalillos ocupan los titulares de los medios, sus dichos y entredichos, las declaraciones “oficiales” y en seguida los desmentidos también “oficiales”, los dimes y diretes. Algunas autoridades públicas han perdido su compostura, pasan su tiempo en risotadas y fiestas, en calzoncillos, en escabrosas formas de tratar de enmendar sus entuertos, exabruptos, lapsus linguae, meteduras de pata, viveza criolla, pillerías. Todo se va convirtiendo en el estilo atamaint.
La confusión impera. Los valores y ética han sido trastocados, puestos a hervir entreverados con los peores brebajes de la politiquería. Una fanesca que finalmente terminará intoxicando a la decencia patriótica y a la democracia, confundiendo más a los electores, amañando procesos que deberían ser absolutamente claros, justos, honrados, transparentes. Las protestas ciudadanas, su clamor, ya de nada sirven. El libertinaje es la metástasis que invade todo el cuerpo de un moribundo país.
En lo local es algo así como que el director de la Bienal, en forma inconsulta, anuncie que la misma deja de ser bienal para convertirse en anual, que se la adelanta y será inaugurada en noviembre, pero las salas de exposición se abrirán en febrero, y los premios serán conocidos en mayo, de los cuales uno será elegido exclusivamente por él.
El inmenso peligro es que el encubrimiento de delitos, los abusos de poder, las grotescas bravuconadas de ciertos políticos, el autoritarismo, las conductas ordinarias de funcionarios públicos, puedan llegar a convertirse en procedimientos normales aceptados e incluso aplaudidos por una masa ciega de aduladores y oportunistas.
La ética, la compostura respetuosa en los cargos que temporalmente ejercen, el cuidado celoso de los recursos públicos, han desaparecido. Ahora importan sus bolsillos, cuidar el puestito, estar en todo lado de coctel en coctel, simular hacer todo, destinar gordos presupuestos para salir en toda foto y entrevista. El narcisismo de algunos de esos burócratas con sueldos dorados, es evidente.
El espíritu de cuerpo, ese sentido leal de pertenencia a un equipo de trabajo, se ha desvirtuado para ahora transformarse en asociaciones para el encubrimiento de actuaciones fuera de la ley. Ahora la viveza criolla es el gatillo que salta con estruendo ante cualquier amenaza de fiscalización a sus tropelías. Estos cuentos de embaucadores de feria, continuarán.

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