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viernes, 15 de mayo de 2026
Fiscalía pide condena para Bucaram por caso de pruebas covid-19
Giovanna Alvear
La Fiscalía de Ecuador solicitó el jueves 14 de mayo una condena contra el expresidente Abdalá Bucaram, su hijo Jacobo Bucaram y otras dos personas por el delito de delincuencia organizada. Este caso se relaciona con la presunta venta irregular de pruebas para detectar covid-19 y otros insumos médicos durante la emergencia sanitaria de 2020.
Alegato final del Ministerio Público
Durante su alegato final, el Ministerio Público sostuvo que los procesados colaboraron entre marzo y agosto de ese año con una estructura delictiva. Esta organización obtuvo beneficios económicos mediante la comercialización de 21 mil pruebas de covid-19 y otros productos médicos. La Fiscalía expuso estos argumentos en el juicio que comenzó el 11 de abril de 2025, luego de varios diferimientos acumulados desde 2022.
Presunta red para movilizar pruebas
Según la teoría fiscal, dos ciudadanos israelíes participaron en la movilización de las pruebas médicas. Uno de ellos fue asesinado en 2020 en la Penitenciaría del Litoral, en Guayaquil. La investigación sostiene que ambos trasladaron los kits bajo custodia de agentes de tránsito hasta la vivienda del exmandatario.
La Fiscalía también señaló que el expresidente almacenó mascarillas, lancetas y otros insumos médicos en su domicilio. Los peritos que comparecieron durante la audiencia coincidieron en que esta supuesta organización utilizó bienes públicos y servidores de la oficina de tránsito de Quito para transportar las pruebas durante la emergencia sanitaria.
Fingiendo pertenencias diplomáticas
El Ministerio Público aseguró además que algunos implicados fingieron pertenecer al cuerpo diplomático y a la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) para movilizarse sin levantar sospechas. La investigación indica que las pruebas se vendían en varias provincias del país sin facturas y sin pagar impuestos al Estado.
Testimonios y antecedentes del caso
La Fiscalía citó el testimonio de uno de los extranjeros involucrados antes de su asesinato. Según esa declaración, Jacobo Bucaram pagó 321 600 dólares en efectivo por la mercadería vinculada con las pruebas y otros insumos médicos.
Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/actualidad/seguridad/fiscalia-pide-condena-bucaram-caso-pruebas-covid-ecuador/
jueves, 14 de mayo de 2026
@LupaMediaEC
Por:
El 19 de enero de 1979, casi cuatro meses después de la sorpresiva muerte del papa Juan Pablo I, Gabriel García Márquez se reunió en el Vaticano con Karol Józef Wojtyła, el primer polaco en convertirse en Sumo Pontífice. El mundo entero lo conocería mejor por su nombre papal: Juan Pablo II.
García Márquez había logrado la aprobación de una audiencia especial con él, gracias a la intervención de varios hombres cercanos al Papa. El primero de ellos fue el cardenal Paulo Evaristo Arns, a quien el novelista conoció en Brasil durante una campaña relacionada con las personas desaparecidas por la dictadura cívico-militar que gobernó Argentina en aquella época. Arns escribió una carta a la Secretaría de Estado del Vaticano en la que explicaba la trayectoria de García Márquez y su lucha al frente de Habeas, una fundación creada en 1978 para la solidaridad mundial con los presos políticos, desaparecidos y exiliados de América Latina y el Caribe. No obstante, este documento no llegó hasta el nuevo Papa. Así que García Márquez acudió a su amigo Fulvio Zanetti, entonces director del semanario L’Expresso, quien le aseguró tener los contactos necesarios para conseguirle una audiencia.
El encuentro se fijó para el 19 de enero a la una de la tarde. En el aeropuerto de París, desde donde voló hacia Roma, García Márquez compró su primera corbata en veinte años, temiendo que no lo dejaran reunirse con el Papa por no vestir adecuadamente. Lo que ocurrió después de su llegada a Italia, el escritor colombiano lo narró en el borrador del segundo tomo inédito de sus memorias, hoy disponible en el archivo del Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en Austin.
“Había que pasar primero por un edificio determinado en el barrio de Parioli, tocar el segundo timbre de la derecha de arriba hacia abajo, y preguntar por la condesa. Así no más: la condesa. Sin embargo, la que bajó tan pronto como tocamos, y sin la menor prisa, fue una joven romana, bella y encantadora, que llevaba una bolsa de mercado con mis libros en italiano para pedirme que se los firmara. Ella nos condujo a un instituto de estudios teológicos a doscientos metros de la plaza de San Pedro, donde nos esperaba un sacerdote yugoeslavo que hablaba un español perfecto y parecía saberlo todo de Dios y de la América Latina. Él me introdujo en el Vaticano, no por la puerta grande, sino por una muy estrecha que da a una callejuela posterior donde no parecía haber ninguna guardia”, relató García Márquez.
Juan Pablo II lo esperaba en un salón pequeño rodeado de vidrieras radiantes. A García Márquez le sorprendió su parecido con el novelista checo Milán Kundera. Como el Papa estaba perfeccionando su español para la visita que pronto haría a México, Gabo le propuso conversar en ese idioma y, acto seguido, le dijo: “No sería nada malo poder decir en mis memorias que le di al Papa una clase de castellano”. Juan Pablo II sonrió con el comentario.
“Mientras conversábamos me daba palmaditas en el brazo para hacer énfasis en sus palabras. Me contó de entrada que había estudiado el castellano en la escuela secundaria, porque estaba escribiendo una tesis sobre San Juan de la Cruz y quería leerlo en el original. Yo cometí entonces el error táctico de seguir haciéndole preguntas sobre un tema que me pareció irresistible, y cuando me di cuenta había gastado cinco minutos de los diez previstos para la audiencia”, contó el escritor.
El tema de los desaparecidos en América Latina vino poco después. Para aprovechar mejor el tiempo, García Márquez lo habló con Juan Pablo II en italiano y en francés, lenguas que el papa manejaba mejor. “Esto es idéntico a la Europa oriental”, dijo el Papa, cuando García Márquez le entregó una copia de la carta escrita por el cardenal Arns y en donde se denunciaba incontables violaciones de derechos humanos en Argentina. Por desgracia, la audiencia terminó sin que el novelista pudiera dar una réplica o profundizar más en el asunto.
“A medida que aquel encuentro se sedimenta en mi memoria, lo evoco menos como una derrota sin batalla, y más como un recuerdo de la infancia que bien merece ser contado. Sobre todo al final, cuando el Sumo Pontífice no pudo abrir por dentro la puerta de la oficina por más que hacía girar la llave, hasta que un secretario acudió en su auxilio y lo abrió desde fuera”, narró García Márquez. “Sólo entonces tomé conciencia plena de dónde estaba, de aquellas vidrieras de madera natural con filas interminables de libros iguales, de aquellos floreros antiguos sin una sola flor, y de aquel hombre solitario que hacía girar la llave al derecho y al revés en la cerradura sin conseguir abrirla, murmurando algo en polaco que tal vez fuera una oración al santo ignoto que abre las puertas atacadas. ¡Qué tal que mi mamá supiera que estoy encerrado con el Papa en su oficina!, pensé. Me pareció tan irreal, que aquella tarde me hice el propósito firme de no escribirlo nunca, por temor de que nadie me lo creyera”.
El repositorio digital de tesis de pregrado de la Universidad de Los Hemisferios presentó una caída temporal este miércoles 14 de mayo, impidiendo el acceso normal a los documentos alojados en la plataforma.
LaHistoria